El comandante de la revolución y viceprimer ministro de Cuba, Ramiro Valdés Menéndez, permanece internado en un hospital de La Habana desde hace al menos diez días, afectado por una enfermedad grave agravada por su avanzada edad, a pocas semanas de cumplir 94 años.
Aunque el régimen cubano no ha emitido información oficial, fuentes gubernamentales confirmaron que se encuentra bajo estricta vigilancia médica permanente, tras desaparecer de la vida pública el pasado 4 de octubre.
Valdés, considerado durante décadas el hombre más poderoso del régimen después de los hermanos Castro, podría estar hospitalizado en la Clínica Central Cira García, en el exclusivo barrio de Miramar, o en el Cimeq, centro médico dependiente del Ministerio del Interior. Ninguna de estas ubicaciones ha sido confirmada oficialmente, pero ambas instalaciones están reservadas a las élites del poder político y militar cubano, y han sido utilizadas históricamente por los principales líderes del castrismo.
Tras la muerte de Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés fue señalado como el tercer hombre fuerte de la revolución y el principal arquitecto del aparato de inteligencia y represión en la isla. Fuentes cercanas al Gobierno cubano que lo trataron personalmente lo describen como una figura temida, responsable de miles de arrestos bajo los denominados “índices de peligrosidad social” y con una personalidad intimidante que le valió apodos como “el asesino de Artemisa” o “el hombre sin alma”.
Valdés fue el primer ministro del Interior del régimen castrista y tuvo un rol clave en la creación de la Dirección de Inteligencia, conocida como el G2, diseñada para espiar, reprimir y neutralizar cualquier oposición política. Su formación estuvo directamente vinculada a los servicios secretos de la Unión Soviética y de la República Democrática Alemana, con viajes frecuentes a ambos países para integrar al aparato cubano en la red de inteligencia del bloque socialista durante la Guerra Fría.
Para consolidar ese sistema, Valdés contó con figuras como Manuel Piñeiro, alias “Barbarroja”, primer jefe operativo del G2, quien recibió asesoramiento directo de la Stasi alemana. De ese proceso surgieron mecanismos de control social como los Comités de Defensa de la Revolución, estructuras de vigilancia barrial que marcaron la vida cotidiana de millones de cubanos durante décadas.
Pese a su imagen de comunista inquebrantable y su papel central en la represión, fuentes señalan que la realidad personal de Valdés contrasta con el discurso oficial del régimen. Dos de sus hijos residen en Estados Unidos y llevan una vida plenamente integrada al sistema que el castrismo ha condenado históricamente. Mientras su estado de salud genera incertidumbre, el régimen cubano enfrenta además un debate interno sobre su continuidad, con versiones que apuntan a intentos de perpetuación del poder en figuras cercanas a la familia Castro, como Óscar Pérez-Oliva, sobrino nieto de Raúl Castro.
Fuente: CanalB
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