Por Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE
Llamemos a los mejores
Han transcurrido algunas décadas desde el primer gobierno del Ing. Alberto Fujimori, cuando se establecieron algunos hitos y principios fundamentales de gobierno, que gradualmente se han ido desdibujando.
Se asumió la responsabilidad política del combate militar-policial al terrorismo, el mismo que tuvo como hechos centrales, la captura de Abimael Guzmán y su cúpula, el 12 de setiembre de 1992 y la completa desarticulación de MRTA mediante la operación Chavín de Huántar del 22 de abril de 1997; por no entrar en el detalle de las múltiples tareas y acciones que permitieron salvar al Perú, en ese terreno.
La constitución de 1993, fue un logro político fundamental, que nos permitió avanzar en lo económico, que dio autonomía absoluta al BCRP, y le quitó al gobierno la posibilidad de recibir préstamos de esa entidad. Recordemos que esa fue la base del proceso hiperinflacionario al que nos llevaron los gobiernos socialistas e incapaces de antes de los 90s. Tuvimos que privatizar decenas de empresas estatales, pues se habían constituido en una carga económica inaguantable para el erario nacional. Hoy tenemos a muchos ignorantes/incapaces, que dicen que regalamos esas empresas; ya que se resisten a reconocer que esas entidades eran un lastre y que perdían sumas incalculables año tras año, tal como ocurre hoy con Petroperú. Baste recordar que, en 1980, tales pérdidas alcanzaron al 5% del PBI, equivalente hoy a perder US$16.5 mil millones por año.
Pocos recuerdan que iniciamos los 90s con reservas internacionales netas (RIN) negativas, que nadie invertía en el Perú, que el riesgo país era inaceptable; al punto que, ese gobierno, tuvo que sacarnos del rincón de los inelegibles y de ser calificados como parias del sistema financiero mundial. Era un sueño imposible alcanzar los US$98 mil millones en RIN que tenemos y ser calificado con “grado inversión”, que hoy nos toca defender.
Repaso esta historia, porque la tarea de la década de los 90, fue una de titanes.
El único gobierno que continuó la tarea fue el de Alan 2, porque todos los demás destruyeron por etapas, varias de las transformaciones realizadas:
Este deterioro permanente de la calidad de gente involucrada en política, nos ha llevado al punto que, cuando el congreso decidió expectorar a Dina, “entre gallos y medianoche”, no había, a juicio de los congresistas, nadie entre ellos con mejores pergaminos que Jerí, para reemplazarla.
Igualmente, cuando hace una semana, algunos termocéfalos se empeñaron en sacar a Jerí, a como dé lugar, no encontraron entre ellos a ningún congresista mejor que a Balcázar. Estos hechos recientes, pintan a las claras el nivel subterráneo de la gente dedicada al oficio de la política. Aunque ya decía Nietzsche, que “la política es el campo de trabajo de ciertas mentes mediocres”.
La pregunta se cae de madura. ¿Estamos haciendo algo para mejorar a futuro?
Y, la respuesta desoladora es, que tenemos entre los candidatos a la presidencia, a dos mafiosos conocidos, un exrector tramposo, un prófugo de la justicia que actúa desde la clandestinidad y un sentenciado que ha sustituido a su hermano en presidio.
Por otro lado, para el parlamento, según resumen al 15.02.2026 de La República, tenemos 485 candidatos al senado, diputados y parlamento andino, con sentencias civiles o penales.
¿Cuándo comprenderá el sistema electoral, que el impedimento para candidatear, no es sólo un asunto de legalidad? Quien quiera hacer política no debe tener sentencias, pero, además, debe pasar por un claro filtro ético y moral. Tampoco es suficiente haber cumplido sentencia para actuar en política. Recuerden que, “Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”. Y que, además, los candidatos con conductas inadecuadas, deben sufrir sanción social y no ser admitidos en los partidos políticos.
El día que esto se aplique, cambiará nuestro rumbo y destino como país.
¡No nos merecemos esto!
Fuente: CanalB
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