Opinión

Para mentir y comer pescado...; por Miguel Palomino

Publicado el 03 de junio de 2026

Por Miguel Palomino, presidente del IPE, en La República

 

Imagine que usted cree firmemente en una causa y que, por su triunfo, estaría dispuesto a hacer casi cualquier cosa, porque la considera tan importante que casi todo le parece justificable. Ahora imagine que, para alcanzar su causa, debe trabajar con personajes verdaderamente impresentables. Además, estos le piden que mienta descaradamente porque, por alguna razón, usted tiene más credibilidad que ellos. ¿La causa justifica que lo haga?

 

Para muchas personas, la respuesta sería sí. Dirán que todo depende de cuánto crean en su causa. Si los resultados van a ser tan buenos, entonces vale la pena, pensarán. Esa lógica puede parecer difícil de refutar, pero no lo es. Basta un poco de sentido común y una dosis de realismo para desmontarla.

 

En primer lugar, todo se basa en lo que alguien cree. ¿Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por algo en lo que simplemente creo? ¿Por qué lo creo? ¿Es posible que otras personas no crean lo mismo que yo? Peor aún, ¿podrían creer exactamente lo contrario? Claro que sí. Estoy seguro de que hay personas que creen firmemente en ideas que la mayoría de los peruanos rechaza. Basta recordar a Sendero Luminoso. ¿Acaso nosotros creemos que hay que pagar una “cuota de sangre” para convertir al país en el Edén prometido con el que sueñan los senderistas? Y eso sin hablar de religión, la “causa justa” que, llevada a extremos, ha provocado más injusticias en la historia de la humanidad.

 

En segundo lugar, aun si asumimos que la causa es justa y busca el bien de todos, ¿por qué personas impresentables la comparten? ¿No resulta por lo menos sospechoso que estas personas también deseen el bien común? Acá viene la dosis de realismo: ¿No es más probable que los impresentables deseen el poder por el poder en sí? ¿Y más aún si ya lo han intentado antes? ¿Y por qué quieren que diga mentiras? ¿A quién pretendo engañar y por qué debo de engañarlos? Lo que debe quedar muy claro es que debemos por lo menos sospechar de todo argumento basado en que el fin justifica los medios.

 

La anterior discusión abstracta es, generosamente, la que tuvo que enfrentar hace pocos días Pedro Francke. Roberto Sánchez, la versión 2.0 del incompetente y corrupto Pedro Castillo, lo llamó para que fuera quien defendiera el sebo de culebra que es su plan económico. Francke, ante la imposibilidad de hacerlo, decidió presentar un plan radicalmente distinto al de Juntos por el Perú, declarando que era el plan de JPP.

 

Por ejemplo, el plan de JP declaraba que se renegociarían los contratos del Estado con privados, pero Francke aseguró que se respetarían todos los contratos. El plan de JPP llamaba a la nacionalización del gas de Camisea, pero Francke aseguró que no habría ninguna estatización. Por último, el plan de JP tiene como elemento central el cambiar la Constitución, lo cual generaría a todas luces una tremenda inestabilidad, mientras que Francke sostuvo que JP tendría una política económica de estabilidad.

 

Francke debía sobre todo calmar los ánimos, habiendo sido el primer ministro de economía de Castillo, debía dar la imagen de que aquí no pasó nada. Esto era muy difícil considerando que mientras él era ministro ocurrió la fuga de capitales más grande y la mayor devaluación de nuestra moneda que hayan ocurrido en este siglo. Eso se resolvió de la manera más sencilla, simplemente no hablando del tema. Francke también sabía que tenía que dar la imagen de que la inversión, el producto y el empleo habían aumentado durante su gestión. Esto se lograba fácilmente, confiando en la mala memoria de la gente y haciendo uso de un viejo truco: comparar un año horroroso con un año “normal” hace parecer cualquier cosa como muy buena. Veamos.

 

Francke entró al MEF a poco más de un año de declarada la pandemia, el 29 de julio del 2021, y renunció el 1 de febrero del 2022. Para fines de inversión, que generalmente se decide uno o más trimestres antes, el efecto de él como ministro sería visible sobre todo entre el cuarto trimestre del 2021 y el segundo trimestre del 2022 (cuando ya no era ministro). Lo que Francke afirmó en el debate era que durante “su periodo” los resultados de la inversión privada fueron muy buenos. Y es que, si comparamos el malísimo tercer trimestre de 2020 con el tercer trimestre del 2021 y se lo atribuimos a Francke, fue muy bueno: la inversión privada creció 21%. Pero ese trimestre ya estaba jugado cuando él asumió el cargo. Si calculamos el crecimiento de la inversión privada cuando la gestión de Francke tendría su máximo efecto (del cuarto trimestre del 2021 al segundo trimestre del 2022) la cifra es mala: 1.3% (si solo usamos el último trimestres trimestre del 2021 y el primero del 2022 es cifra es menor aún: 1.1%).

 

Para entender lo anterior con un ejemplo clarísimo: el segundo trimestre del 2021, cuando era presidente Sagasti y poco antes que Francke entrara al MEF, la inversión privada aumento un fabuloso 156%. Claro que con ese crecimiento básicamente la inversión regresó a más o menos el nivel en que había estado el 2019, porque el 2020 había sido malísimo.

 

Roberto Sánchez, mientras hacía malabares para que Antauro Humala no se fuera de boca, no pareció alarmarse mucho por el “nuevo” programa de Francke. Es que los cambios radicales de posición no son extraños para Sánchez. Como ejemplo, después de la primera vuelta, Sánchez afirmó en un largo discurso que Julio Velarde era una “vergüenza” para el país porque solo defendía los intereses de las transnacionales y del 1% más rico del Perú. Lo describió como “el amo capataz que se sienta en el Banco Central para pontificar con sus amigos lobistas” discutiendo a quien beneficiaría con las reservas internacionales. Por eso, aseguró, lo echaría en el primer día de su gobierno.

 

Sin embargo, alguien debió explicarle al despistado Sánchez que, aunque quisiera, no podía remover al presidente del BCRP en su primer día, ya que su reemplazo requiere la aprobación del Congreso. También debieron recordarle que Velarde es, hoy por hoy, el peruano más respetado y valorado, por lo que despotricar contra él no le haría ganar votos. Rápidamente, Sánchez cambió de posición sin nunca reconocerlo. Quien antes era una “vergüenza” pasó a convertirse en unos días en alguien muy valioso sobre quien se había “reafirmado y afianzado su continuidad”. De Ripley.

 

Pero nada de esto debería sorprendernos demasiado. Piruetas similares ya vimos entre la campaña de primera vuelta de 2021, liderada por Vladimir Cerrón, y lo que se vendió en la segunda vuelta. El resultado fue nefasto, y seguimos pagando sus consecuencias. Si Juntos por el Perú quiere transitar por el mismo camino y con el mismo equipo, que nos diga eso. Que no intente endulzarnos la pera ni hacernos creer que vivimos un periodo de bonanza durante la gestión de Francke y Castillo. No somos tan desmemoriados.

 

 

 

Fuente: CanalB

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