Por Carlos Adrianzén, publicado en El Montonero
El crecimiento económico nacional no llega a ser el requerido para reducir la pobreza
Advertencia
Este artículo continúa la línea de análisis de la entrega anterior (Lecciones Electorales Urgentes, El Montonero, 17 de junio de 2026). Allí se expusieron cuatro puntos centrales sobre cómo se vota —o se deja de votar— en los últimos procesos peruanos. Dichos puntos, contrarios a las narrativas políticas dominantes, cuestionan el mito del “mapa rojo” que supuestamente reflejaría las preferencias electorales en el interior del país.
Primero, Lima sigue siendo el núcleo demográfico y económico del Perú, pese a los gobiernos depredadores desde 2011. Segundo, las diferencias económicas regionales son persistentes y profundas, reflejo de institucionalidades dispares. Tercero, el universo económico peruano es estrecho y propio: regiones pauperizadas que no son víctimas pasivas, sino que toleran u optan por regímenes suicidas. Cuarto, el incumplimiento de la ley y la corrupción burocrática regional impiden la convergencia económica entre Lima y el resto del país.
En esta secuela se extrae la perspectiva mediante cuatro figuras complementarias, cada una con una lección directa.
Observación 1
No nos hemos recuperado: un crecimiento mediocre no basta
La Figura I muestra que el crecimiento económico nacional se mantiene por debajo del nivel requerido para reducir la pobreza (menos del 7% per cápita, líneas amarilla y roja). Esta inercia, asumida con optimismo injustificado, implica escenarios políticos y sociales asociados a pobreza persistente y deficiencias en servicios públicos básicos. Todo ello retroalimenta expectativas y conflictos sectoriales.
El crecimiento, aunque estable en lo nominal y sostenido por exportaciones, es insuficiente. Se asemeja a una cocción lenta.
Observación 2
Alejamiento continuo del ingreso medio global
La Figura II evidencia que, aunque el Perú crece sostenidamente (columna naranja), se aleja tanto de los niveles de producto por persona de países desarrollados como del promedio global. La ilusión de dinamismo económico encubre un deterioro relativo sostenido.
Nos subdesarrollamos lentamente, en una tendencia difícil de revertir. Mantener esta procrastinación puede ser una muy mala idea, pues justificaría tácitamente propuestas redistributivas o populistas.
Observación 3
Impacto de las anti-reformas en Lima y la Costa Sur
Las reformas de mercado iniciadas en los noventa han sido revertidas. Desde hace más de una década predominan políticas mercantilistas y socialistas: controles de precios, empresas públicas, expropiaciones previsionales, debilitamiento del rol subsidiario del Estado y desorden fiscal.
El resultado ha sido una reducción de la inversión privada y extranjera, junto con el deterioro de la gobernanza estatal y corporativa.
La Figura III muestra que, pese a precios externos favorables, el producto por persona en Lima y la Costa Sur cayó respecto al promedio global: Lima en 11%, Costa Sur en 8%.
Metafóricamente, el corazón del crecimiento económico nacional late más lento. El declive relativo de Lima y la Costa Sur agravó transversalmente la pobreza y el subdesarrollo en todas las regiones. El manejo económico del gobierno de Castillo profundizó este cuadro.
Observación 4
La Bolivianización de la selva y la sierra
La Figura IV revela ingresos por persona equivalentes a un tercio del promedio global. Han empobrecido significativamente sus supuestos bastiones electorales. Este nivel de deterioro económico e institucional —y su popularidad dentro de la narrativa política local— debería alertar contra la consolidación de gobiernos con discursos y prácticas similares a los de Humala, Sagasti o Castillo.
No es casual la similitud de los mapas rojos oficiales en Perú y Colombia. El avance de regímenes de izquierda en el Perú ha generado mayor pobreza y desigualdad, contradiciendo sus propios postulados. Hacen exactamente lo opuesto a lo que declaran. Como el candidato Roberto Sánchez en la actual campaña.
Reflexiones para la nueva presidente
La situación económica heredada tras más de una década de anti-reformas de mercado trasciende los dilemas políticos inmediatos.
Desde las regiones más dañadas por gobiernos filo-senderistas, el nuevo gobierno enfrentará una inercia destructiva marcada por corrupción burocrática e incumplimiento de la ley. El estancamiento y el mayor subdesarrollo fueron parte de una receta política. La debilidad institucional heredada —ceteris paribus— impedirá gestionar programas económicos exitosos.
Insisto: nada fue un error. Este escenario dibuja el preámbulo lógico de un régimen dictatorial de corte cubanoide. En manos de la nueva presidente estará que ello no suceda.
Fuente: CanalB
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