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¿Seguimos siendo racistas?; por Rafael Guillermo de la Piedra Seminario

Publicado el 04 de febrero de 2026

Rupturas y pendientes en tiempos electorales


Rafael Guillermo de la Piedra Seminario

 

“Yo no soy racista, eso ya no existe”. Sin embargo, la sola necesidad de esta afirmación delata que el problema sigue ahí, latente, incómodo y sin resolver. Diversos estudios recientes muestran que el racismo y la exclusión no son percepciones marginales, sino experiencias ampliamente reconocidas en la sociedad peruana. Según datos del Ministerio de Cultura, más del 60 % de peruanos percibe que existe discriminación hacia poblaciones quechuas, aimaras y afroperuanas, y cada año se reportan cientos de casos de racismo y discriminación étnico-racial ante instancias oficiales. Estas cifras no solo revelan la persistencia del problema, sino también una conciencia social creciente de que la igualdad proclamada en el discurso no siempre se traduce en la vida cotidiana. En este contexto, afirmar que “el racismo ya no existe” no solo resulta apresurado, sino profundamente desconectado de la experiencia real de amplios sectores del país.

 

Hablar de racismo exige, ante todo, definirlo con total honestidad. No se trata únicamente de insultos, gestos o actitudes individuales, sino de una estructura profunda que organiza jerarquías, distribuye privilegios y naturaliza exclusiones. En el Perú, el racismo se manifiesta como una herencia histórica que atraviesa lo social, lo económico y lo cultural, y que sigue determinando quiénes se sienten o no plenamente representados. Si bien el clasismo y el racismo no son idénticos —pues el primero se vincula principalmente con desigualdades socioeconómicas y el segundo con jerarquías construidas a partir de rasgos étnicos y culturales—, en el Perú ambos fenómenos suelen entrelazarse y reforzarse mutuamente, sin entrar aquí en una disquisición académica más extensa sobre sus diferencias conceptuales.

 

Reconocer esta realidad es doloroso, ya que implica aceptar que seguimos siendo un país fracturado, cultural, social e históricamente, y que en más de doscientos años de vida republicana no hemos logrado construir una sociedad verdaderamente reconciliada e integrada. Y eso incomoda, porque cuestiona la imagen idealizada que queremos tener de nosotros mismos como nación madura e independiente.

 

Parte de la dificultad para enfrentar el problema tiene mucho que ver con la manera como entendemos nuestra narrativa histórica. Durante décadas hemos oscilado entre relatos simplistas: por un lado, la idealización de las culturas prehispánicas como sociedades armónicas y sin conflictos; por otro, la narrativa que presenta la conquista española como la llegada de elevados valores culturales, sociales y religiosos. Ambas miradas, aunque opuestas, comparten el mismo error: reducen una historia extremadamente compleja a una lucha entre “buenos” y “malos”, “civilizados” e “incivilizados”.

 

La historia del Perú es, en realidad, una trama compleja de encuentros, choques, violencias, pactos y continuidades. Hacer preguntas incómodas —por ejemplo, por qué la conquista es presentada como una epopeya civilizatoria, cómo se reorganizaron las jerarquías sociales tras ella o qué espacio realmente tuvo la población indígena durante el virreinato— no significa negar el pasado ni justificar las injusticias sufridas, sino intentar comprender los matices que aún pesan sobre nuestro presente. Solo un relato más honesto y realista, menos épico y más crítico, puede ayudarnos a entender por qué seguimos reproduciendo lógicas de exclusión en nuestra sociedad.

 

Este problema se vuelve especialmente visible en nuestro escenario político. En tiempos electorales, el racismo reaparece con fuerza bajo la forma de confrontaciones geográficas, simbólicas y hasta ideológicas: costa contra sierra, Lima contra las regiones, una selva sistemáticamente olvidada y un centralismo excluyente que asfixia las posibilidades de integración. Convivimos varias naciones superpuestas dentro de un mismo territorio, con experiencias y expectativas de vida tan distintas que a veces resulta difícil reconocernos como parte de un “nosotros”.

 

En este contexto, el racismo funciona como un espejo de nuestras propias contradicciones. Hay sectores que se perciben superiores por rasgos externos o condiciones económicas, y otros que han interiorizado una percepción de inferioridad, de ausencia producida por el sistemático abandono del Estado. El resultado es una sociedad fragmentada, donde la desconfianza y el resentimiento sustituyen al diálogo y al reconocimiento mutuo.

 

Frente a este panorama, la educación ocupa un lugar clave. Pensar la educación pública como la privada como mundos separados solo profundiza la fragmentación; ambos deben ser considerados a la hora de abordar este problema. Su tarea debería ser ayudar a transformar la autopercepción que tenemos como personas y como nación: pasar de la vergüenza y la negación al reconocimiento de nuestra diversidad como una riqueza compartida. No se trata solamente de transmitir contenidos, sino de formar ciudadanos capaces de cuestionar prejuicios, reconocer privilegios y construir consensos. Se trata de crear espacios de sana convivencia e integración, generando así cambios en la percepción de unos y otros. Tanto en la educación básica regular —pública y privada— como en la educación superior, contamos con espacios que debemos aprovechar.

 

Superar el racismo implica, en el fondo, atrevernos a imaginar y soñar con un horizonte común. Un país donde sentirse orgulloso de uno mismo no signifique despreciar al otro; donde la diferencia no sea una amenaza, sino una parte constitutiva de nuestra identidad nacional. Nuestra mayor riqueza no está únicamente en su subsuelo, sino en las personas de su superficie, con historias, lenguas, rostros y experiencias diversas que merecen tener un espacio y ser comprendidas desde su propia realidad. Es buscar un cambio de mirada, de paradigma, y eso no es una empresa fácil ni inmediata; pero es un pendiente que no podemos postergar más.

 

A las puertas de nuevas elecciones, esta reflexión se vuelve urgente. Más que promesas vacuas y repetitivas, necesitamos una ciudadanía dispuesta a hacerse preguntas incómodas: ¿por qué estamos tan divididos?, ¿qué tipo de país estamos construyendo cuando normalizamos la exclusión?, ¿qué responsabilidades asumimos, como individuos y como sociedad?, ¿realmente somos inclusivos? Tal vez el primer paso no sea encontrar respuestas definitivas, sino sostener la pregunta con honestidad: ¿seguimos siendo racistas? Porque solamente una sociedad que se atreve a mirarse críticamente puede aspirar, algún día, a reconciliarse consigo misma.

 

Fuentes consultadas


Agencia Andina. (s. f.). Más del 60 % de peruanos percibe discriminación a población quechua, aimara y afroperuana. Andina. https://andina.pe/agencia/noticia-mas-del-60-peruanos-percibe-discriminacion-apoblacion-quechua-aimara-y-afroperuana-943847.aspx

Chanamé Orbe, R. (2021). La República inconclusa (5.ª ed.). Fondo de Cultura Peruana.
Dextre Chacón, J. C. (2022). Alegatos de la educación peruana. Fondo Editorial de la Universidad Científica del Sur.
Falla Carrillo, R. L., & Gamio, G. (2025). Perú: agonía y resistencia: Escritos desde la filosofía pública, el conocimiento social y la historia reciente. Asociación por la Cultura y Educación Digital.
Infobae & EFE. (2024). Perú recibió cerca de 300 reportes de discriminación y racismo durante 2024. Infobae. https://www.infobae.com/america/agencias/2025/01/23/peru-recibio-cerca-de-300-reportes-de-discriminacion-y-racismo-durante-2024/

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2021). Perú: perfil sociodemográfico y desigualdades territoriales. INEI. https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/publicaciones_digitales/Est/Lib1539/

Ministerio de Cultura del Perú. (2023). Estrategia Perú sin racismo 2023. Ministerio de Cultura del Perú. https://transparencia.cultura.gob.pe/sites/default/files/transparencia/2023/05/resoluciones-ministeriales/rm000187-2023-mc-anexo.pdf

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2025). Actuar, confiar y conectar caminos: El valor de la acción conjunta para el desarrollo sostenible: Informe sobre desarrollo humano: Perú 2025 [PDF]. PNUD. https://www.undp.org/sites/g/files/zskgke326/files/2025-07/informe_sobre_desarrollo_humano_pnud_2025-version_digital.pdf

Quintanilla, P. (2024). La filosofía en el Perú: El Perú en la filosofía. Heraldos Editores.

 

 

 

Fuente: CanalB

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