La masacre perpetrada en el distrito de Santiago de Lucanamarca, ubicado en la provincia ayacuchana de Huancasancos, constituye uno de los episodios más atroces y sangrientos registrados durante los años de la violencia política en el Perú.
Este episodio también adquirió relevancia política por el vínculo familiar del senador Íber Maraví con Hildebrando Pérez Huarancca, su suegro, señalado como uno de los principales responsables de la matanza. Asimismo, la esposa y la suegra de Maraví reconocieron que sus firmas figuraban en planillones para solicitar la inscripción del Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), aunque el legislador sostuvo que ambas firmaron sin conocer el propósito del documento.
Ocurrida el domingo 3 de abril de 1983, la incursión armada fue ejecutada por una columna de aproximadamente sesenta integrantes del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso. Esta sangrienta acción fue planificada y ordenada por la cúpula central de la organización subversiva, bajo el mando de Abimael Guzmán Reynoso, como una medida de represalia contra la comunidad por haberse rebelado contra el dominio terrorista y haber ejecutado previamente a un líder senderista local.
A lo largo de un mortífero recorrido que abarcó los parajes de Yanaccollpa, Ataccara, Llacchua y Muylacruz, hasta culminar en el propio pueblo de Lucanamarca, la columna terrorista arrebató sistemáticamente la vida de 69 campesinos. Entre las víctimas mortales se contabilizaron 18 niños de entre seis meses y diez años de edad, ocho adultos mayores y once mujeres, algunas de ellas en estado de gestación. Más de la mitad de los asesinados eran personas vulnerables que se encontraban en estado de indefensión y no representaban amenaza alguna para los perpetradores.
Las investigaciones forenses y los testimonios recogidos por la Comisión de la Verdad y Reconciliación determinaron que los atacantes actuaron con extrema crueldad. La gran mayoría de los comuneros falleció a causa de severos golpes infligidos con hachas, machetes, picos y piedras, principalmente en la cabeza, mientras que un grupo menor fue ejecutado con armas de fuego a corta distancia. Durante la incursión en Yanaccollpa, los subversivos llegaron incluso a verter agua hirviendo sobre los cuerpos de las víctimas, luego de encerrarlas y atacarlas dentro de una vivienda.
El nivel de ferocidad alcanzó su punto crítico en la plaza de armas de Lucanamarca, donde los senderistas reunieron a la población sobreviviente, separaron a los varones adultos y procedieron a ejecutarlos frente a la iglesia del pueblo. La matanza en el casco urbano se detuvo únicamente cuando un niño dio una falsa alarma desde la parte alta de la casa parroquial sobre la supuesta llegada de las fuerzas del orden, provocando la huida de la columna. Antes de abandonar el lugar, los subversivos saquearon e incendiaron el local municipal, la oficina de correos y diversas tiendas locales.
Años después, Abimael Guzmán y otros dirigentes de Sendero Luminoso reconocieron la responsabilidad de la organización en la planificación y ejecución de la masacre. Este trágico acontecimiento, considerado un crimen atroz y una grave violación del derecho internacional humanitario, permanece en la memoria colectiva nacional como testimonio de las devastadoras consecuencias del terrorismo en las comunidades rurales del país.
Fuente: CanalB
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